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Lanzamiento CD Escritos de San Alberto Hurtado

Presentación de Fernando Ramos
Vicario para la Educación
Arzobispado de Santiago

Señor Pedro Pablo Rosso, Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, P. Samuel Fernández, Decano de la Facultad de Teología de esta Casa de Estudios, Funcionarios de la Universidad Católica y de la Vicaría para la Educación, queridos Directivos de Colegios, Profesores, especialmente de Religión, amigos y amigas presentes, hoy nos encontramos reunidos en este Centro de Extensión de la querida Universidad Católica para realizar el lanzamiento oficial del Compac disk de los Escritos de San Alberto Hurtado que el homónimo Centro de Estudios de esta misma Universidad ha elaborado recientemente.

Este lanzamiento no sólo nos permitirá tener fácil acceso a los escritos, algunas grabaciones y videos de quien fuera una de las personalidades más destacadas que ha nacido en esta tierra, sino también nos da la posibilidad de establecer un puente entre nuestro presente y el pasado de más de 50 años, cuando Alberto Hurtado recorría el país anunciando a Jesucristo e invitando a vivir con radicalidad la solidaridad. Esto es posible gracias a la tecnología del presente, pues en un pequeño objeto podemos encontrar una cantidad enorme de palabras e imágenes que nos hablan de una persona maravillosa que cautivó con su sonrisa, su oratoria y sus acciones. Vaya, entonces, nuestro más sincero agradecimiento al Centro de Estudios Alberto Hurtado, porque pone en nuestras manos un instrumento espléndido para atravesar el tiempo y encontrarnos con alguien que hizo vibrar a la Iglesia de nuestro país en los años 30, 40 y 50 del siglo pasado.

Alguien se podría preguntar ¿qué sentido tiene recordar y hacer memoria de una persona que vivió hace más de medio siglo? ¿qué valor puede tener eso, si lo importante es mirar nuestro presente y proyectarse hacia el futuro? En definitiva, ¿para qué se hace un esfuerzo tan grande con este trabajo, de algo que ya pasó y comienza a perderse en la noche de los tiempos?

Para contestar estas y otras preguntas que pudieran surgir, permítanme delinear algunos trazos de la personalidad y de la obra de Alberto Hurtado, que en su conjunto nos presentan el verdadero rostro de este extraordinario santo jesuita y sacerdote.

a) Maestro de maestros: En primer lugar, Alberto Hurtado fue un Maestro de maestros, pues se caracterizó por ser un auténtico educador. En efecto, durante su larga estada en Bélgica estudió primero teología y después obtuvo el Doctorado en Ciencias Pedagógicas en la prestigiosa Universidad Católica de Lovaina. Su amor e interés por la educación se debe sin duda a su condición de miembro de la Compañía de Jesús, Orden religiosa que en Chile y en otros muchos países ha hecho una destacada y hermosa labor en el campo educativo. Sin embargo, San Alberto Hurtado supo encontrar en la pedagogía su propia vocación específica, aunando su inteligencia y su voluntad para transformarse en un eximio educador de la fe. Acompañó a muchos jóvenes para que conocieran y amaran a Jesucristo y, por ese motivo, muchos quisieron consagrar su vida como religiosos o sacerdotes. También fue capaz de reflexionar y profundizar en lo que significa ser un educador genuino. Le cautivaba llegar a comprender qué es lo que hace a una persona constituirse en un pedagogo y con gran lucidez escribió:

«En el centro de la enseñanza está el maestro con su propio saber y personalidad; no es el libro de texto el que domina en la escuela sino la palabra viva que sale de boca del maestro. “Es mucho más fácil enseñar que educar; para lo primero basta saber algo, para lo segundo es menester ser algo”. El maestro no enseña tanto por lo que dice cuanto por lo que hace; no por lo que sabe sino por lo que es; no por los cuadernos de apuntes que dicta a sus alumnos sino por ejemplo vivo de su personalidad» (Puntos de Educación, XV).

Por esta razón, el Padre Hurtado se convierte en un maestro de maestros, en un educador de educadores, pues señala con claridad la senda a seguir para quienes han consagrado su vida a la educación.

b) Maestro de la caridad: La dimensión más conocida de nuestro querido San Alberto es su testimonio de amor a los pobres, sus decididas acciones en beneficio de los niños de la calle, los niños que habitaban debajo de los puentes del Mapocho. Son líneas memorables en la historia social de nuestro país sus palabras acerca de cómo Cristo continuaba a sufrir en la miseria de los pobres de nuestra ciudad, o bien, las reflexiones sobre el real catolicismo de Chile a pesar de los niveles de miseria que aquejaba una parte significativa de sus habitantes. Sus palabras y acciones en este sentido fueron proféticas no tanto por lo acusadoras, sino porque fueron suficientemente agudas para remover las conciencias de muchos que hasta ese momento no tenían ojos para descubrir lo profundamente denigrante que es la miseria. Pero Alberto fue aún más perspicaz; él no se quedó en una simple postura populista de denuncia o en una confortable posición de quien analiza cifras generales de este flagelo. Su percepción del problema fue mucho más profundo, pues fue capaz de detectar que en el sufrimiento de los pobres se encontraba el sufrimiento de Jesucristo; los mendigos y abandonados no eran vistos por él como potenciales agresores o delincuentes; para Alberto, ellos eran el rostro mismo de Jesús que lo interpelaba. Las palabras del Maestro «cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40) sonaban una y otra vez en sus oídos para ir configurando en su corazón los mismos sentimientos de Jesús. Sabía que la justicia era necesaria para superar la pobreza y miseria, pero tal justicia nunca iba a llegar si no era animada por un verdadero espíritu de amor por los más pobres. De este modo, Alberto Hurtado se fue convirtiendo en un Maestro de la caridad.

c) Maestro del dolor: Asimismo fue un maestro del dolor. La vida de San Alberto no fue fácil. Hay muchos que piensan que renunciar a tener una pareja y una familia para abrazar la vida religiosa y el sacerdocio es una fuga del mundo, pues buscaría evitar el compromiso de asumir responsabilidades que a veces conllevan esfuerzo y fatiga. El mejor desmentido a esta afirmación peregrina es la vida del Padre Hurtado. Los problemas y dificultades que tuvo que afrontar en su vida no fueron pocos, así como no fue poca la entereza con la que los asumió. No obstante, en donde más claramente se advierte la notable capacidad para acoger y unirse al dolor, es en su larga agonía cuando el cáncer lo iba devorando lentamente. En marzo de 1952 su salud comenzó a empeorar; desde fines de mayo de ese año, el mal que lo aqueja le impide levantarse y debe guardar cama; el 27 de junio le diagnostican cáncer al páncreas; el 25 de julio recibe la noticia que su mal es incurable. ¿Cuál fue su reacción, cuáles fueron sus palabras? No cayó en la desesperación, tampoco dio muestras de depresión; sin borrar su inconfundible sonrisa de sus labios, simplemente dijo: «El Patrón me llama y aquí estoy, listo y feliz». El lunes 18 de agosto de 1952 a las 5:03 de la tarde fallece. Así, Alberto se hizo amigo del dolor y fue capaz de darle un sentido, algo que en la historia de la humanidad muy pocos han podido hacer, pero que es posible solamente en la medida que se contempla la cruz de Jesús unida a su resurrección.

d) Maestro de santidad: A partir, entonces, de estos trazos que hemos delineado de la personalidad de San Alberto Hurtado, podemos preguntarnos ¿qué es lo que movió a este seguidor de San Ignacio de Loyola a dar pasos tan admirables? ¿cuál es su nota distintiva? Quedaríamos insatisfechos si dijéramos que es simplemente un pedagogo o un luchador social que promovió la justicia y la caridad, o que fue un estoico capaz de asumir con dignidad el trágico destino de su enfermedad incurable. No, el Padre Hurtado es eso y mucho más que eso; él es un apasionado, un enamorado, un entusiasta radical de Jesús y de su Reino. En definitiva, es un santo porque se dejó traspasar por la santidad de Dios, tal como nos la enseña y muestra Jesucristo. Todo el mensaje, toda la predicación y la acción que desarrolló lleva el sello distintivo e indeleble de quien ha seguido y se ha configurado a Jesús hasta los aspectos más insignificantes de la vida. Por consiguiente, Alberto es antes que nada un Maestro de santidad a quien debemos escuchar e imitar.

Así se nos completa la imagen de Alberto Hurtado; es alguien que nos enseña a vivir. Tener acceso a sus escritos y a su obra a través de un CD nos permite traer al presente a este eximio jesuita, darle espacio y tribuna para que nos hable y nos comunique, como un auténtico profeta, cómo debemos hoy seguir a Jesucristo. Como hemos presenciado en los últimos días, todavía hoy en nuestro país la pobreza golpea a un porcentaje importante de habitantes y las diferencias sociales a veces son abismales. Por este motivo, el lanzamiento de este CD ofrece a todos los que hoy están trabajando en la educación en Chile un material extraordinario para que las nuevas generaciones conozcan la vida y obra de quien supo amar, servir y sonreír en cada palabra que pronunció y en cada gesto que realizó.