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Aquí Padres / EVANGELIZAR EDUCANDO/ mayo - junio 2005

UN AUTÉNTICO PADRE

Curiosamente el tema de la paternidad casi no se encuentra en la vasta orientación doctrinal de Juan Pablo II. Sin embargo, cuando se trata de hacer un recuento sobre su herencia, inmediatamente se destaca su figura como líder paternal. A todos impresionó su figura varonil que se brinda a los suyos en forma responsable y hasta las últimas consecuencias. Conduce la Iglesia con mano firme, sin vacilaciones, pero lo hace como un padre que despierta y orienta la vida hacia su plenitud.

El tema de la paternidad no es el más estudiado por la psicología moderna; no obstante, indirectamente, muchos de sus descubrimientos han significado valiosos aportes para entender los conflictos actuales. Erik Erikson sitúa a la paternidad como uno de los anhelos más radicales del alma humana. Concretamente dice que “tres nostalgias anidan en las profundidades del corazón humano: la nostalgia por un regazo materno, por una voz paterna y por un yo purificado”(1). Esta observación nos recuerda la imagen cristiana de Dios como Padre misericordioso: tiene, a la vez, regazo materno y voz paterna.

¿Cuándo podemos decir que alguien es un auténtico padre? Con propiedad, el término se aplica al hombre más allá del hecho puramente biológico de la procreación. En su sentido elemental el padre es el varón que, habiendo llegado a la plenitud de su virilidad, engendra una nueva vida, según la propia naturaleza. Sin embargo, la sola procreación biológica determina tan sólo una forma primaria de paternidad. Para merecer el apelativo de padre en su pleno sentido se requiere que, además de engendrarlo biológicamente, se asuma conscientemente la responsabilidad por el hijo. Quedarse sólo en la procreación biológica es reducirlo a un nivel animal. Esa no es auténtica paternidad. Los sicólogos han definido cada vez con más precisión los roles indispensables de un padre.

El padre debe ser garante de seguridad

Según R. Röberg, cada persona necesita de un ambiente privado para su sano desarrollo. Requiere de un ámbito cálido y protegido. Al padre le corresponde ser garante de que el hijo se desarrolle en dicho ambiente. «Todo individuo tiene necesidad de un ambiente que no se diluya en lo ilimitado. Necesita un medio en el que pueda disponer su vida a su antojo y no simplemente dejarse llevar por el entorno. Sólo en la vida privada de la familia esto se puede dar en forma relativamente fácil. La familia es el centro que hace posible la esfera privada y, a la vez, es el centro de socialización»(2). Hoy día es cada vez más pobre el ambiente privado. Basta considerar la repercusión que tiene la televisión como una vía de extroversión y pérdida de privacidad. Sin embargo, son muchos los aspectos que influyen también en la experiencia de seguridad existencial que debe garantizar el padre.

El padre debe ser punto de referencia esencial

El ser humano en su desarrollo, especialmente durante las etapas de la infancia y de la adolescencia, necesita tener puntos de referencia sicológicamente seguros. Martin Buber decía que durante el desarrollo de un niño se produce una auténtica identificación con su padre. Pero agregaba que actualmente, según su experiencia, se puede constatar “la ausencia de verdaderos encuentros con personas que sirvan de referencia y en las que se pueda confiar. Debido a esto, se puede constatar un creciente número de trastornos psíquicos en niños y adolescentes” (3).

El vínculo paterno-filial es decisivo para la conformación de la personalidad. En la etapa de la primera infancia, los padres son para el hijo los representantes absolutos de la realidad. En su relación simbiótica con los progenitores, todo lo percibe y asimila a través de ellos: las cosas, las demás personas, el propio cuerpo... No sólo le brindan alimento y afecto; ellos también son el punto de referencia primero y básico, la base de apoyo y el medio de comunicación con el exterior. Los sicólogos hablan con razón de que constituyen la “relación fundante”.

Los hijos necesitan experimentar una relación de confianza

La confianza tiene un doble signo: por una parte, los jóvenes necesitan de un padre que crea en ellos, pero, por otra, necesitan un padre en quien creer y confiar. Esto supone personalidades adultas capaces de despertar y establecer una relación de credibilidad. Esta es una de las ausencias más dolorosas del último siglo. Los sicólogos van tan lejos en su apreciación, que aseguran que, si una persona jamás ha podido experimentar ese reposo psicológico que da la confianza ciega en alguien, es prácticamente imposible que aprenda a amar en plenitud y a vivir una sana vida social.

Esta confianza se debe cultivar desde el inicio de la vida, lo cual significa que el padre debe ser punto de referencia para el hijo desde su más tierna infancia, pero también en el resto de su desarrollo, incluso en la edad adulta. Siempre será para el hijo aquella persona de peso en la cual puede confiar con todo su ser. Si se descuida al comienzo, más tarde puede ser irrecuperable. Si el padre descuida su participación en la educación del niño, muy pronto surgirá una “barrera de incomprensión mutua” que puede llegar a derivar en rechazo (4).

El hijo necesita sentir visceralmente que su padre se preocupa de él, que lo considera importante y que está dispuesto a jugarse por él. Lo debe sentir responsable de su existencia durante una larga etapa de su vida. Necesita sentirlo eficazmente presente con sus consejos y conducciones, a su lado como apoyo y como interlocutor seguro y confiable. Muchos jóvenes no cuentan con un progenitor que los escuche y los acompañe. Muchos padres dejaron de ser interlocutores válidos.

El padre, un modelo confiable

El hombre necesita tener modelos confiables para orientar su desarrollo. El padre, si es fiel a sus cualidades naturales y si cultiva las virtudes que le corresponden, está en condiciones de cumplir este rol esencial para los hijos. Es el ejemplo y el modelo natural para ellos. Al acompañarlos en su proceso de desarrollo les enseña, a través de su propio comportamiento, cómo deben desenvolverse en la vida, cómo deben enfrentar las situaciones de contingencia, los imprevistos, los fracasos, los sufrimientos, las tareas difíciles, los peligros, etc. La condición para que esto se dé es que sea un compañero cercano a ellos. El padre, por su ascendiente sobre los hijos, es imagen-guía, una especie de modelo y pauta a seguir, tanto para bien como para mal.

Mirando la relación padre-hijo desde la perspectiva del modelo de comportamiento, es muy importante que cada padre reflexione sobre la imagen que proyecta: ¿cómo me ven mis hijos? ¿qué ven en mí? ¿ven una persona gruñona, mal genio, nerviosa, insegura, imprevisible, abrumada, agotada, autoritaria, egoísta, etc., o bien, ven una persona serena, equilibrada, segura, positiva, alegre, emprendedora, cumplidora, objetiva, etc.? En este mismo contexto, cobra especial importancia la relación que tiene el padre con la madre, su esposa. La relación amorosa, el respeto y la delicadeza, el diálogo, etc., serán las bases del modelo que los hijos tenderán a reproducir más tarde.

Nuestra sociedad se ha hecho incapaz de transmitir valores a las nuevas generaciones. Estamos ante una sociedad desvalida. Es indispensable que el padre ocupe con más decisión su papel de mediador de los valores. Debe desempeñar el rol de modelo y mediador de los conceptos y verdades esenciales y de los principios fundamentales. Es necesario, sin embargo, tener conciencia de que orienta no tanto por lo que dice, sino por la manera cómo encarna lo que enseña. Gran número de padres se afana en asegurar el futuro profesional de los hijos, pero descuidan su educación valórica. La tarea primordial consiste en educar a un hijo libre, capaz de vivir en un mundo sin valores y no por ello desorientarse. Esto exige formarles el criterio de juicio y enriquecer su jerarquía de valores, a fin de que estén capacitados en todas las circunstancias de la vida a optar por lo mejor. Deben saber discernir y elegir adecuadamente. La paternidad auténtica es una de las aventuras más fascinantes de nuestro tiempo. Ojalá el Señor nos bendiga con muchas figuras paternales como Juan Pablo II. ee

1 J. Garrido, Adulto y cristiano. Crisis de realismo y madurez cristiana, 3 Ed.,Santander 1989 pág 23
2 R. Röberg, p. 152
3 Martín Buber, filósofo germano
4 Prof. Hanus Papousek, del Instituto Max-Plank de Munich, Augsburgerzeitung, enero 1979

Padre Jaime Fernández
Vicario para la familia

REENCANTAMIENTO DEL AMOR
TALLER DE AJUSTE MATRIMONIAL

Este taller está pensado para matrimonios jóvenes que tengan experiencias similares (más o menos el mismo tiempo de casados). Idealmente se puede hacer en dos encuentros de una hora y media (19:30 a 21:00 hrs. cada vez), o bien, en una media jornada de tres horas y media con una pequeña pausa. El número de participantes no tiene mayor limitación que la que presenta el espacio donde se va a realizar.

Visión de conjunto del taller

Un taller no trabaja con ideas abstractas, sino con las experiencias y los sentimientos o afectos que éstas han despertado en los participantes.
Para ayudar en el proceso de crecimiento que se propone el taller, se realiza acompañado por un monitor debidamente preparado para ello.
Este taller está diseñado para matrimonios en los primeros años de convivencia que quieren recapitular las experiencias que han compartido para realimentar el amor que los une.
Normalmente se dará para papás que han puesto a sus hijos en el kinder o prekinder (en torno a los seis años de matrimonio)
En el trabajo se alterna la reflexión individual, el compartir como matrimonio, una iluminación que entregue nuevas luces y pistas y una mirada hacia delante. El programa global del taller consta de seis momentos:

Introducción explicatoria

Reflexión individual

Carta de un cónyuge al otro

Compartir entre esposos

Iluminación

Proyecto de futuro

SEGUNDO ENCUENTRO

Este segundo encuentro que tendrá a disposición el mismo tiempo que el anterior, estará destinado a entregar a los esposos algunas luces que les ayuden a descubrir caminos para alimentar mejor su amor, superar obstáculos y tomar propósitos para mejorar su calidad de vida familiar.

Paso 1: Orientaciones que entrega el monitor.

El monitor(a), después de acoger a los participantes, hace una corta oración. A continuación les da las instrucciones pertinentes y reparte a los matrimonios la pauta para programar su vida futura, indicándoles el tiempo de que dispondrán en cada uno de los pasos (40’ para la iluminación, 40’ para el intercambio y los proyectos y 15’ para despedirse y coordinar algún posible encuentro).
Para dar las orientaciones dispondrá de más o menos 15 minutos:

Retoma lo experimentado en el primer encuentro del taller.
Se trata de dar pleno sentido al intercambio logrado la vez anterior y plantearlo como fundamento de lo que harán en este segundo encuentro.
Explica el sentido de la iluminación.
Según la metodología utilizada, la intervención del monitor(a) corresponde a lo que hace la luz cuando ilumina lo que hay en el espacio en que se proyecta. Si no hay nada, la luz no ilumina nada. Por esa razón, el monitor(a) no da propiamente un tema para enseñar una materia, sino que proyecta la luz del Evangelio y de la experiencia, de tal manera que cada matrimonio la reciba desde su propia realidad.
Explica la etapa final que culmina en los acuerdos.
Lo que se pretende, en último término, es que los esposos tomen en común algunos acuerdos o propósitos que les ayuden a crecer y a vivir con sentido y más plenamente su vida matrimonial y familiar.

Paso 2: La iluminación que entrega el monitor.

Refiriéndose explícitamente a lo que los esposos han descubierto en su primer intercambio, el monitor(a) les entrega algunas luces que les ayuden a reafirmar e inspirar los aspectos positivos de su vida matrimonial y a superar los obstáculos que puedan haber encontrado. El taller termina con una mirada hacia el futuro y los propósitos de los esposos. El monitor(a) cuenta con 40’ para su exposición.

1. Pautas para alimentar el amor mutuo.

El amor conyugal debe ser alimentado de una manera integral para que pueda subsistir. Simbólicamente es como decirles que “hay que regar bien el arbolito que plantaron”.
El alimento del amor es el diálogo, esto es, el encuentro de ambos en aquello que es íntimo, original. Distinguirlo de la conversación que es exterior a ellos como personas.
El diálogo conyugal tiene cuatro vertientes o cauces que se deben asumir integralmente: lo afectivo (caricias, sonrisas, regalos, estímulos, etc.); lo físico (intimidad sexual, protección, cuidado mutuo, servicios, etc.); lo espiritual (confidencias, intercambio de opiniones, experiencias, etc.); y lo religioso (comunicación en la fe, oración, lectura bíblica y en los anhelos de trascendencia, etc.).

2. Pautas para asegurar su amor en Dios.

Nietzsche dice “Ay de aquellos amantes que no tienen una cumbre sobre su amor”; con esto toca un tema crucial: el amor humano es débil y debe ser realimentado en la única fuente inagotable.
Esto significa que hay que estimular a los cónyuges para que utilicen los medios normales que ofrece la religión para alimentar su vida de fe, como fundamento para construir su familia (oración diaria, misa dominical, lectura del Evangelio, sacramentos, inserción en la comunidad cristiana, etc.). Hay que recordarles que “El hombre sabio y prudente construye sobre roca”.

3. Revalorar el sentido del sacramento que recibieron.

Es indispensable tratar de revitalizar el sentido del sacramento matrimonial y los efectos que tiene para sus vidas.
Recordarles que en virtud del sacramento, la familia que han formado es una “Iglesia doméstica” y que cuenta con gracias propias.
Conviene destacar algunos signos concretos: altar familiar, uso de las imágenes, entronización de la Biblia, utilización de la argolla matrimonial como sacramental, etc.

4. Algunos aspectos especiales.

Conviene destacar algunos aspectos que suelen ser los más problemáticos:
El trato con las familias de origen. Muchas veces el contacto con las respectivas familias, en vez de ser una ayuda, produce interferencias y tensiones. Comentar cómo debe ser ese contacto, cercano y lejano a la vez, cálido pero sin asfixiar ni quitar libertad.
La vida sexual. Muchas veces el falso pudor hace que no se aborden posibles problemas. Ayudar a dar sentido profundo a la relación íntima y a liberar problemas.
La forma de administrar las finanzas. Muchos problemas matrimoniales se suscitan por causa de las platas. Introducir el tema del “presupuesto familiar” y el de “evitar el sobreendeudamiento”. Cuestionar el concepto de “lo mío y lo tuyo”, si ambos tienen ingresos.
Los acuerdos en la educación de los hijos. Las diferencias de criterios en la manera de educar a los hijos suele ser causa de conflictos graves. Es conveniente ayudar a que, al menos, tengan algunas nociones claras, especialmente la unidad del principio de autoridad (no desautorizarse mutuamente, el uso sano y armónico de premio y castigo, estímulo, motivación y disciplina, etc.).

Paso 3: Mirada adelante y propósitos.

Los esposos se sientan a proyectar el futuro. Tratan de llegar a consensos y acuerdos que les permitan alimentar mejor su amor y mejorar su vida familiar. Deben ser concretos. Para ayudarlos, la pauta propone los temas que suelen ser más conflictivos. Para ello cuentan con 40’.

El alimento del amor.

¿Qué cosas concretas podemos hacer para alimentar mejor nuestro amor? ¿Cuál de las cuatro formas del diálogo conyugal es la más débil y debemos reforzar? ¿Cómo hacerlo en concreto? Tomar propósitos.
La relación con las familias.
¿Cómo podemos hacer que la relación con nuestros papás sea lo más positiva posible? ¿Qué cosas tendríamos que evitar y cuáles acentuar?
La conducción del hogar.
¿Cómo mejorar la conducción del hogar? ¿Qué rutinas tenemos que cambiar? ¿Qué podemos ordenar mejor? ¿Cómo hacer nuestro “presupuesto familiar”?
La educación de los hijos.
¿Cómo ejercer en común la autoridad frente a nuestros hijos? ¿Cómo apoyarlos mejor en su desarrollo físico, afectivo, religioso y espiritual?
La vida religiosa.
¿Cómo hacer más presente a Dios en nuestro hogar? ¿Cómo crear un ambiente religioso en la casa? ¿Cómo celebrar creativa y positivamente las fiestas, por ejemplo la Navidad?
Trabajo y familia.
¿Cómo armonizar mejor trabajo y vida familiar?

Equipo Vicaría
Vicaría para la Educación
Arzobispado de Santiago