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Aquí Padres / EVANGELIZAR EDUCANDO/ septiembre - octubre 2004
A MIS ABUELOS
Mi infancia está marcada por mi relación con abuelos. No hay recuerdos de mi niñez en que no estén presentes mi Tata, mi Yaya y mi Mamina...incluso, mi Nonno que falleció antes de que yo naciera también está presente. Les agradezco que me hayan querido con tal gratuidad. Y puedo asegurar que gran parte de lo que soy se los debo a ellos.
No puedo más que agradecerle a la vida el hecho de haber sido tan regaloneada. Con ellos fui al cine, al Zoológico, al Museo, a andar a caballo, a Fantasilandia, a hacer pic-nic. Siempre esos paseos eran de la mano de mis abuelos.
Recuerdo las sesiones de magia de la Mamina que sacaba de las mangas de su chaleco dulces y monedas, las eternas conversaciones con mi Tata, que grababa en un cassette y que hoy guardo como uno de mis más grandes tesoros. También cuando lo acompañaba a pintar y me enseñaba la teoría del color. Para qué hablar de sus fotografías...¡Puedo decir con toda tranquilidad que el registro fotográfico de mi niñez se lo debo principalmente a él! O cuando se ponía en su rol de médico y me mostraba sus fotografías del cerebro, detallándome cada parte... Eran su mayor orgullo.
Recuerdo las comidas deliciosas de mi Yaya...en su casa probé la más amplia gama de las comidas más tradicionales de nuestro país, con un toquecito peruano, heredado de mi bisabuelo. ¡Nadie puede decir que sólo conozco el bistec con arroz! También heredé de ella el gusto por los huevitos de almendras y las naranjitas con chocolate.
Mis primeros libros fueron regalados por mis abuelos. En mi casa habían muchos, pero fueron mi Tata y mi Mamina quienes me dedicaron mis primeras novelas... ¡Por fin tenía libros que eran sólo míos! Quizás ese gesto, hizo que la lectura sea una de mis más inseparables compañeras de vida.
También recuerdo las miles de veces que fui a alojar donde mi Tata y mi Yaya y dormía al medio de ellos...o cuando me iba a dormir a la casa de mi Mamina, donde también dormía con ella... Y me acuerdo que me decía: “La que se duerme primero le avisa a la otra”... ¡me demoré varios años entender que era una broma! Eso era regaloneo puro, porque podría haber dormido en otra cama, pero para mí una de las gracias de irme a sus casas era poder dormir con ellos...¡Ahora entiendo cuando la gente dice que los papás crían y los abuelos malcrían!
Pero esa mal crianza no es tal, porque poder compartir con mis abuelos fue y es una oportunidad enorme para recibir y dar amor, además de poder contar siempre con alguien que te puede escuchar y acompañar en tu crecimiento... ¡Para qué decir todo lo que aprendí! Especialmente de mi historia, de la historia de mi país, de sus vidas...
Por eso no paro de agradecerle a Dios los abuelos que me dio y la relación que construimos juntos. Es uno de los mejores regalos de mi vida. Alguna vez leí por ahí que alguien decía que quizás una de las cosas mejores de tener hijos es la posibilidad de tener nietos...Creo que ahora, cuando miro mi vida, puedo entenderlo.
Equipo Vicaría
Vicaría para la Educación
Arzobispado de Santiago
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