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Vacaciones de Invierno:
¿TIEMPO LIBRE O TIEMPO PERDIDO?
En muchas ocasiones cuando los hijos salen de vacaciones, sean de invierno o verano, para muchos padres es un problema; deben recurrir al cuidado de la abuelita o a la vecina, porque no siempre tienen nana para dejarlos; aumentan los gastos económicos, sube la luz porque el televisor está todo el día encendido, la comida dura menos pues aburren y atacan el refrigerador. Además aumentan las peleas entre hermanos, ya que no toleran estar juntos todo el día sin hacer nada. En fin, en vez de ser un agrado saber que los niños estarán en sus hogares, la sola idea de que se acerquen los días de vacaciones comienza a ser una “verdadera tortura mental” para los padres.
Generalmente para el tema del aburrimiento y de las peleas entre hermanos, la primera solución es ponerlos frente al televisor, ese pequeño aparato que acompaña “incondicionalmente”. Pero detengámonos un minuto a reflexionar ¿cuánto tiempo le dedicamos hoy, en nuestras vidas personales y familiares, a la televisión? ¿Han pensado que es el medio de comunicación al cual recurrimos muchas veces para informarnos, entretenernos, pero sobre todo, para sentirnos acompañados?
El problema es que no siempre podemos filtrar los contenidos a los que están expuestos nuestros hijos, menos en vacaciones donde no estamos físicamente con ellos. Muchas veces, lo que nuestros hijos hablan, piensan o cómo se comportan está condicionado por los mensajes que reciben de este “temido” compañero.
En otros casos, y de acuerdo a la edad, nuestros hijos encuentran su entretención visitando tardes enteras los malls, donde pasan y pasan las horas sin hacer nada, sólo caminar de un lado a otro con un nuevo grupo de amigos, expuestos al bombardeo del consumo.
Cómo no mencionar, también, a nuestro “nuevo enemigo”: el chat. ¿Cuánto tiempo dedican a conversar con personas, casi siempre extrañas, a través de la pantalla del computador? ¿Será el mismo tiempo que dedicamos a comunicarnos en casa? ¿Lo harán con el mismo interés? En fin, cuántas interrogantes y nuevos problemas podrían surgir...
Las soluciones que encontremos van a depender mucho de nuestra capacidad creativa y de la concepción que tengamos de cómo nuestros hijos pueden hacer de su tiempo de descanso (bien merecido) momentos de provecho, de sano esparcimiento y no una pérdida de tiempo.
Viendo un poco esta realidad, como madre y como profesional de la educación, es que me permito invitarles a que hagamos del tiempo de vacaciones una instancia donde nuestros niños tengan mayor tiempo para disfrutar de la vida y para enriquecer sus experiencias.
Desarrollemos un poco la idea del tiempo libre como oportunidad de crecimiento. La reforma educacional chilena, basada en los principios de la teoría constructivista, nos da señal que para que existan aprendizajes significativos, éstos deben partir de las experiencias previas que los niños llevan consigo. La pregunta entonces que nos podemos hacer es ¿cuántas diversas experiencias y de qué calidad están viviendo nuestros hijos si están todo el día frente a un televisor o un computador?
Mientras mayor sea el número de experiencias a las que nuestros hijos puedan tener acceso, su mundo perceptual, sensitivo e incluso emocional crece y esto le permite que su forma de enfrentar nuevas situaciones sean o no de aprendizajes formales, las hagan con mayor dominio y puedan transferirlas a nuevas instancias. Como ven, se van formando cimientos, cimientos que nos permitirán ir construyendo nuevos aprendizajes. Les invito a ser gestores de nuevas experiencias para los niños, para sembrar así la semilla que formará adultos integrales en el futuro.
Bárbara Bórquez B.
Psicopedagoga
Equipo Vicaría
Vicaría para la Educación
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