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Aquí Padres / EVANGELIZAR EDUCANDO/ marzo - abril 2004

LA FAMILIA: un núcleo insustituible

Para todos es conocida la importancia de la familia. Hoy, más que nunca, diferentes medios institucionales hacen referencia- incansable- sobre su constitución y preponderancia, sobre su valoración y trascendencia.

No es de extrañarse que el rumbo que ha tomado la sociedad actual, sus cambios vertiginosos y sus nuevos paradigmas están provocando desorientación e inseguridad en muchos hogares, lo que hace que los padres apliquen moldes tradicionales y rígidos -en algunos casos- y en otros, se relaje la autoridad en pos de la buena armonía familiar.

Recientes estudios ministeriales sobre las instituciones que ofrecen más confianza a los jóvenes, sobresalieron-lejos-la escuela y la Iglesia. Esto no podemos dejarlo pasar como mero dato estadístico, sino tomarlo con una responsabilidad mayor de la que siempre se le ha dado. Más que responsabilidad yo hablaría de desafío. Un desafío para constituirse en centros de verdadera formación, con matices de atracción carismática y de renovado espíritu cristiano.

Ahora bien, la familia no debe desvincularse de estas instituciones. Todo lo contrario, el llamado está hacia la participación activa, positiva y comprometida en lo que a su rol le corresponde.

Escuela e Iglesia.....¿cómo las uno? Sin duda, en un colegio católico. Si me permiten, quisiera exponer algunos principios básicos que se requieren para estrechar lazos entre la familia y el colegio, requisito INDISPENSABLE para una formación seria y congruente, para una formación sólida y consecuente:

1. La existencia de un sentido positivo de la vida. Como persona y como cristiano tenemos que ser poseedores de un sentido de vida. Tal vez lo tenemos racionalizado, pero no internalizado. El sentido de la vida fundamenta una ética y una escala de valores que hay que vivirlo en la práctica de la existencia para que pruebe la realidad de su fuerza transformadora. Una invitación a reflexionar sobre nuestra existencia... un detente... nos va a ayudar a marchar por la vida con un sentido.

2. El ambiente de confianza.

Un ambiente de confianza en la institución que elegimos va a generar un ambiente de sana convivencia. Una buena convivencia genera una positiva participación. Se produce así, el círculo de la integración.

Confiar en el otro constituye la llave mágica de grandes realizaciones y permite la participación activa, el compromiso y, también, la posibilidad de criticar asertiva y sanamente. La confianza llama al respeto, valores esenciales en un sano ambiente. Respetar y ser respetado genera una puerta abierta al diálogo y al aporte que cada uno pueda hacer.

Otra cualidad es el entusiasmo. Las ganas de hacerlo, los sinceros deseos de participar puede generar una actitud contagiosa que otros padres van a replicar. Se acrecienta, así, ese círculo de la integración. El entusiasmo deja huella, refleja la posesión de ese sentido de vida, antes mencionado.

3. Juntos en una misma dirección.

Este es el tercer principio, tal vez el más importante...Una familia que no se conduce en la misma dirección del colegio provoca un caos en la educación de sus hijos. Se puede discrepar, tener diferencia de opiniones, pero ellas deben ser salvadas al interior de las instituciones, con los elementos de respeto y de confianza ya mencionados, pero jamás realizar una crítica descalificadora ante los hijos.

Colegio y Familia... juntos en una misma dirección. Ambas con distintas funciones, pero un tronco común: formar personas cristianas, con una visión amplia de la vida, insertas socialmente, no aisladas, ni etéreas, dentro de un ambiente que genere la interrelación entre sus miembros para que -de ese modo- permita que los demás sientan el deseo de ser mejores.

Colegio y Familia son dos instituciones que se deben fundir en una para hacerle frente a los desafíos de la sociedad actual que – siendo algunos muy buenos- otros se encargan de relativizar su valor, o de promover una superficialidad fácil de asimilar o de considerar el consumo como una necesidad para ser aceptado.

Gloria Comparini Simonetti
Secretaria Ejecutiva
Vicaría para la Educación
Arzobispado de Santiago