El acompañamiento: terreno sagrado
Conversatorio sobre un tema crucial en estos días y que tiene que ser profesional.

El acompañamiento: terreno sagrado

Conversatorio sobre un tema crucial en estos días y que tiene que ser profesional.

“Todas las personas requieren ser acompañadas y el acompañante tiene que ser acompañado también, es una regla de oro”, compartió Lorena Contreras, coach ontológico que junto a Haymar Carolina González, docente y Francisco Jiménez, sacerdote jesuita animaron el conversatorio realizado en el Espacio República el pasado martes 12 de marzo.

Algunas claves que entregaron los expositores del encuentro:

Haymar Carolina González:

Empieza con conversaciones transformadoras.

Hay que realizar el proceso de discernir.

Una clave es anotar, ello permite visualizar el camino que Dios traza en mi vida.

Si yo acompaño, tengo que quitarme los zapatos, es decir vivir la humildad.

Un desafío en el mundo educativo de hoy es que los chicos no escriben y la escritura ayuda mucho a realizar procesos interiores.

Francisco Jiménez:

Descalzarse no es sólo la conciencia de que estoy frente a algo sagrado, sino también qué me pasa a mí con lo sagrado.

Descalzarse requiere valorar al otro, alguien que tiene una autonomía y que entre él y yo hay un abismo. Tener presente el peligro de tratar de que el otro sea mi objeto.

El acompañamiento exige gratuidad. Eso no es posible sin el espíritu.

Cuando alguien logra hacer algo realmente gratuito está el espíritu.

Dejar al otro que esté lejos.

 

Lorena Contreras

Se puede ser profesional del acompañamiento y se pueden aprender técnicas.

Se puede uno especializar: enfermos, jóvenes, terminales.

Aprender a escuchar no es obvio. Para acompañar, hay que profesionalizarse en la escucha.

¿Cómo escuchó?

¿Qué es la tierra sagrada?

¿Necesito acercarme a alguien para tocar tierra sagrada?

La primera persona que acompañamos es a nosotros mismos.

Hay etapas en que nos ensimismamos.

Cuando me hago cargo de mi misma(o) es cuando más puedo acompañar

a otros.

Toda persona tiene un punto de acceso al bien. Esa es la tierra sagrada.

El acompañante es un puente. Todas las personas tenemos un límite y un espacio de respecto que no podemos transgredir. Ese es el punto de acceso al bien.Ese es el punto de acceso al bien.

El acompañamiento no se puede improvisar.

Hemos perdido como sociedad el momento de la pausa.

 

Durante el año seguirán realizándose actividades sobre este tema, ¡les tendremos informados!.