La Pedagogía de Jesús desde el Modelo de Escuela Católica

Martes 07 de Septiembre, 2021

 
Uno de los pilares fundamentales de la excelencia educativa es el buen ejercicio de la docencia. El sistema educativo provee muchos recursos para el desarrollo de esta carrera y urge también el llamado de la innovación y trabajo interdisciplinario. En medio todo esto, es preciso volver sobre el sello educativo de la escuela católica, reconociendo a Jesús como Maestro de humanidad y su Evangelio como verdadera escuela de pedagogía.

Había muchos maestros en Israel en tiempos de Jesús. Ellos se caracterizaban por ser eruditos y tener gran número de seguidores que aprendían a vivir según la ley judía y, una vez completado el aprendizaje, iniciaban su propio camino para guiar a otros.

Jesús fue uno de esos tantos maestros, pero su maestría era algo singular. Desplegó una propuesta radicalmente diferente, pues “en sus actitudes, gestos y palabras, producía la más profunda experiencia de confirmación de sus interlocutores” (MEC, p. 66). Jesús, con su ejemplo, no sólo enseñaba un modo de vivir, sino que también ofrecía una verdadera escuela de seguimiento al Maestro que marcaba la vida para siempre y que se traduce en una manera de construir la sociedad y las relaciones humanas desde la profundidad del Amor.

Tal vez, éste es el elemento distintivo de un Maestro genuino, que entiende a las personas esencialmente relacionadas en la aventura de la existencia. El Amor Pedagógico de Jesús, no es sólo un sentimiento que nos vincula, sino que es también un camino educativo que motiva, exige, orienta, cuestiona y redime, en definitiva.

Por eso, el anuncio de su Buena Noticia tiene los rasgos de una docencia que pone al sujeto en situación de mirar la propia vida y hacerse las preguntas de sentido de todo aprendizaje. “Jesús, viendo que lo seguían, dio media vuelta y les preguntó: ¿qué buscan? Ellos contestaron: ‘Maestro ¿dónde vives?’. Él les respondió: ‘Vengan y lo verán’” (Jn 1, 38-39). En este sentido, todo educador en la Escuela Católica está llamado a despertar en cada estudiante la pregunta esencial de la propia búsqueda, tener el valor de ponerse en camino, ver y construir sus propias respuestas.

“¿Quién dice la gente que soy yo? ... y ustedes ¿quién dicen que soy?” (Mt 16, 15). El camino que el Nazareno traza en su Evangelio está sembrado de preguntas, cuestiones que van abriendo la inteligencia hasta ir dejando espacio a la luz de la verdad. Esta es una forma de Amor que cree en la persona y en sus posibilidades. Es la propuesta del Modelo de Escuela Católica que hace al sujeto protagonista de su historia y en comunión con otras historias que conforman el camino educativo.

Jesús es el Maestro que se ubica a la altura de nuestra mirada, establece con ella un vínculo de respeto profundo, nos levanta, nos reconoce y desde ese encuentro personal va haciendo surgir las decisiones que orientan la propia vida. “Llevaron a Jesús a un ciego diciéndole: ‘ánimo, levántate que te llama’. Él, arrojando su manto se levantó rápidamente y se acercó a Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ¿qué quieres que haga por ti?” (Mc 11, 50-51). En cada encuentro Jesús rescata la libertad de su interlocutor, lo llama a encontrar en sí mismo la liberación solicitada: “tu fe te ha salvado, vete en paz, estás liberada de tu mal” (Mc 5, 34).

El camino de todo maestro es sacrificado y paciente, aunque también apasionado y esperanzador. El Maestro de Nazaret camina al ritmo de nuestro paso, con cariñosa persistencia. No le teme al tiempo, porque es dueño y Señor del tiempo, por eso nos espera y no se cansa de buscar métodos y didácticas afines al camino de nuestro aprendizaje. Nos enseña con parábolas, una fórmula sencilla y al alcance de todos para aprehender significados profundos y trascendentes. Es el arte de explicar lo difícil con la simplicidad de las cosas de cada día, para encontrarnos también con aquella belleza que trasciende a las cosas: el misterio de Dios en la realidad.

Jesús es el Maestro de la esperanza. Es el Señor que le dice a cada niño, niña, adolescente “Talitha kum. A ti te digo, levántate” (Lc 7, 11-17).  Ninguna situación socioeconómica, psicoafectiva o parental puede quitar al educador la pasión de creer que es posible decirle a un estudiante: “levántate”, puedes lograrlo. Lo hace el Maestro de Nazaret ante la apariencia de la muerte porque él sabe que nos habita la Vida.

La pedagogía de Jesús nos invita a buscar en la humanidad de cada estudiante, las semillas del Reino que quieren germinar bajo la acción del Espíritu Santo y la excelencia de nuestro trabajo docente. Por eso la educación católica posee una convicción que la distingue, al señalar que “el proceso educativo cristiano se desarrolla en la continua interacción entre la actuación experta de los educadores, la libre cooperación de los alumnos y el auxilio de la gracia” (MEC, p. 43).

Ximena Rodríguez
Educadora y directora del Área de Administración
Vicaría para la Educación.
Arzobispado de Santiago.

 

 



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